Estoy en León. Concretamente en el despacho de mi papá, porque la secretaria no puede venir en unos días y estoy aquí echándoles una mano (al cuello, básicamente). Lo único que llevo mal es lo de madrugar, por lo demás, de momento bien. Luego cuando llegue a casa colgaré las fotos de rigor que atestiguan mis andanzas quijotescas por el mundo p'alante.
Para comenzar con los antecedentes de hecho, os diré que ya soy master en Derecho Europeo, que todo salió bien y que soy un crack mediático e hipotético.
A las 9:15 llegó por fin el profe, que había pillado atasco, con la llave del Instituto.
El hombre fue muy cordial y se portó muy bien conmigo. Me preguntó de qué parte de España era y, para mi asombro, conocía León. El examen era oral y consistía en un caso práctico que el hombre me redactó de la siguiente manera: "Imagínate que estás en León y te llega un señor leonés que vende bicicletas, para que le des un consejo como abogada que eres, ya que ahora hay unos vendedores chinos en León que venden sus chinas bicicletas mucho más baratas y a él le estan arruinando el negocio". Bueno, esto en francés y con sus propias palabras... Y yo le solucioné la papeleta al vendedor bicicletero leonés, como no podía ser de otra forma, y me gané una nota muy maja.
El examen de Finances fue también terrible, pero el profe también se portó bastante bien. Tenía sobre la mesa varias tarjetas, que se correspondían cada una con un tema del programa y que constaba de dos preguntas, una fácil y otra difícil. Nosotros teníamos que elegir una tarjeta y contestar a las dos preguntas. Me dijo que si no me gustaba la que me tocaba, podía cambiarla. Pero si la segunda me gustaba menos, ya no había vuelta atrás.
Me salió una de un tema complicadísimo, que yo llevaba bastante reguleras. Pero temía que si la cambiaba, me tocara algo aún peor, así que me quedé con esa... El profe, consciente de que el tema era muy chungo, que yo era jurista y no economista, que era mi último examen y que tenía un cacao colosal, se portó muy bien conmigo y cuando veía que me atascaba con algo, enseguida me echaba una mano dándome una pista para que saliera del atolladero.
La verdad es que los dos profes fueron la mar de majos. Y eso es de agradecer porque con la matada de horas de estudio que llevaba a mis espaldas, los fallos no eran por no estudiar, eran de puro agotamiento... y creo que ellos se dieron cuenta de eso.
En cuanto al Viking Line de las narices, no sé la nota, sólo sé que está aprobado.
De hecho no sé la nota de nada! En el IEE no se han dignado ni a enviarnos un correo diciéndonos cuándo nos darán los diplomas, ni los boletines de notas ni si hay algo que solicitar ni nada de nada. Hace un par de días, me ha escrito Gaëlle y me ha dicho que ha intentado varias veces hablar con la secretaria y, tantas veces ha ido, tantas veces la han mandado a tomar... un café... porque al parecer están demasiado ocupados con los alumnos nuevos como para preocuparse de los antiguos.
Por lo visto (y esto lo sabemos de manera totalmente extra oficial y por tanto no confirmada) el día 21 es la entrega de diplomas. Pero yo no estoy (y me importa un pimiento y tres berzas de las gordas) porque yo voy el 25.
Esta vez el regreso será un poco más llevadero porque Ana se viene conmigo y se quedará allí unos días. La visita de Eli para el puente de los Santos está aún por confirmar, espero que finalmente pueda ir y además así podrían volver juntas cuando acabe el puente de los Santos.
Pero retomando el verano...
Al día siguiente de hacer el examen de Finances, me fui a Viena. Llegué al centro alrededor de las 11 de la noche y lo primero que me sorprendió nada más llegar al país fue la buena organización y puntualidad impecable de los buses que salían del aeropuerto hacia el centro. Estaba todo tan organizado, con su espacio adjudicado a cada bus, su banco para sentarse, su horario, su reloj, su todo... que pensé: "esto no puede ser, hay truco" y tuve que preguntarle a un autóctono vienés a ver si realmente estaba en el sitio correcto esperando al bus correcto. Es que cuando uno no está acostumbrado a estas cosas organizadas... de todo desconfía...
El bus me dejaba en la Schwedenplatz, que es una plaza muy chachi donde está la sede de la OPEP y por la que pasa el Donaukanal (el canal del Danubio), en cuyas orillas había cafés flotantes, gente haciendo footing, una especie de playa artificial y esas cosillas que uno haría a las orillas del Danubio.
Jönne ya había llegado por la mañana (y de milagro, porque casi pierde el avión), así que me estaba esperando en la parada del bus. La casa del amigo que nos acogía estaba a pocos metros de la Schwedenplatz, así que fuimos allí a dejar mi maleta y nos fuimos a tomar algo.
Nos hizo un tiempazo increíble toda la semana con toneladas de sol. Sólo llovió un día y nos pilló en casa. Y un calor... De hecho un día tuvieron record, al ser el más caluroso día de septiembre desde (si no recuerdo mal) 1950.
Esa primera noche había una fiesta de cumpleaños... así que tuvimos que ir. Fue un poco extraño estar entre tanta gente que parecía conocerme de toda la vida (Jönne ha ido más de 15 veces) y a quienes yo no conocía más que de oídas y a quienes no asociaba la cara, con el nombre y con las historias que de ellos había oído por boca de Jönne.
La gente de Austria me pareció bastante peculiar, conocí gente más abierta y menos pero en general me llevé una impresión, como digo, peculiar. Me pareció una gente muy poco expresiva y bastante seca y cerrada... no con mala intención... sino por costumbre. Sólo hubo un día que me sentí cómoda con ellos y fue el último día. De hecho, hubo un incidente en un tren que confirmó esta peculiar impresión: En uno de los asientos había sentada una chica, que tenía apoyado un tobillo encima de la rodilla contraria, de manera que tenía todo el ángulo de la pierna "invadiendo" un poco el pasillo. Por el pasillo pasó un hombre un poco rápido y se tropezó con ella. Un simple y llano tropezón, suave y sin más, sin heridos, ni daños colaterales. Bueno, pues en lugar de simplemente disculparse ambos y dejarlo correr, ya que en realidad la culpa era de los dos y de ninguno a la vez, se quedaron los dos mirandose desafiantes, como dos gatos a punto de liarse a zarpazos. Y estuvieron así durante unos segundos, sin decir nada, creando una absurda tensión hasta que el señor decidió irse. Me pareció todo un detalle curioso!
Pero claro, es imposible juzgar con exactitud a la gente de un lugar cuando apenas se ha estado allí una semana y no se ha conocido tampoco a demasiada gente. El chico de la casa, por ejemplo, era una persona encantadora. Y su mami, que fue a visitarle uno de los días que estabamos allí, también encantadora. Su mami siempre le visitaba los domingos y le llevaba un ramo del mercadillo de flores que había cerca, porque a este chico le encantan las plantas. Tenía el piso lleno de macetas con plantitas muy bien cuidadas... Lo cual me recuerda que un día vi la araña más grande del mundo!!!!!! Como teníamos la ventana siempre abierta por el calor y en el piso había tantas plantitas, en una de las veces que fui a coger algo de la maleta, que la tenía cerca de la ventana, vi un spiderman atroz enganchado a la pared! Era más grande que mi mano!!! O mejor dicho... era más grande que la mano de Jönne!!! Me puse a dar brincos cual saltipajo campestre hasta que el chico agarró a la araña de una pataza y la echó por la ventana.
Qué poco me gustan los bichos...
El segundo día estuvimos dando vueltas por la ciudad. De Viena no sé decir ningún edificio o monumento que me llamara la atención (hubo tantos!) porque simplemente salimos a la aventura, sin planos, ni direcciones, ni nombres, tan sólo dando vueltas por ahí. Pero sí puedo decir que me gustó mucho. Tiene unas avenidas amplias con edificios enormes y bien conservados. Lo que más me llamó la atención fue la luz. Hay edificios tan impecablemente pintados que reflejan la luz e iluminan las avenidas de una forma increíble.
Una de las luminosas calles del centro de Viena.Esa noche estuvimos en el Danube Island Festival. Fuimos más por el ambiente que por los conciertos... se celebra en una Islita y estaba perfectamente organizado, como todo. Había gente de todas las edades por todas partes, pero repartidos en las mil y una movidas que había por allí, así que no resultaba nada agobiante. Vimos a UB40 y a los Leningrad Cowboys. Ninguno de ellos santo de mi devoción, pero... es culturilla general!
A la vuelta, como había que volver en metro, habían aumentado la cantidad y frecuencia de los trenes y cada entrada a ellos estaba supervisada por un guardia de seguridad que iba organizando cuánta gente cabía en cada vagón. Ni empujones, ni follones, ni nada. INCREÍBLE.
Estuvimos otra vez en el Scape, el mismo pub de la noche anterior, y esta noche no fue demasiado buena. Al menos para mi fue un aburrimiento sobrehumano... pero esto es otra canción que ya algunos me habeis oido cantar.
Al día siguiente nos levantamos relativamente pronto y fuimos al Prater. El Prater es un parque de atracciones enorme y aunque bien es verdad que yo no soy una experta en parques de atracciones, la mayoría de las que vi aquí, no las había visto jamás. Eran todas enormes y altísimas y hacían chuminadas por los aires! A la entrada del parque hay una noria gigante, que es una de las más antiguas de Europa. Se empezó a constuir en 1896 y tuvieron que retocarla un poco después de la II Guerra Mundial, porque las cabinas quedaron un poco pochas después de los bombardeos, pero aún así, fue la única noria europea que aguantó porque las de Londres y París quedaron hechas papilla mundial II.
La noria gigante del Prater. Que aunque en la foto no parezca tan gigante, os digo yo que lo era.
En el Prater hay una especie de terraza gigantesca cubierta por toldos y un montón de árboles, que es el Schweizerhaus. En este sitio tienen en fila a 5 camareros frente a 5 caños de cerveza, rellenando jarras constantemente. Aquí comimos a medias una movida gigante de cordero que estaba muy rica. Es un lugar altamente recomendable si pasais por ahí... lo malo es que en días como el que fuimos nosotros, de buen tiempo y sol, te puedes morir esperando a que te sirvan... aunque hacen lo que pueden, eh?
Esa noche no salimos... y fue justo la noche que llovió. Nos quedamos en casa con el chico de la casa (herenafter: Gregor) y otro amigo suyo viendo la peli más extraña que he visto jamás. Encima como la vimos en inglés, yo de vez en cuando desenchufaba el cerebro y cuando lo volvía a enchufar ya me había perdido. Mucha gente me ha recomendado esta peli, así que tendré que volver a verla en castellano prestando más atención. Se llama The Hitchhiker's Guide to the Galaxy. Yo es que tengo poco aguante para la ciencia ficción...
Luego el amigo se marchó y Gregor se fue a dormir, porque trabajaba al día siguiente. Nosotros aún nos quedamos viendo El Padrino...
Al día siguiente nos fuimos a Salzburgo. La idea en principio era pasar un día en Bratislava (que tan sólo está a 60 km y se puede ir en barco -que dura unas tres horas- o por carretera, que no llega ni a una hora) y pasar otro día en alguna otra ciudad que quedara cerca. Finalmente nos decidimos por Salzburgo, que fue una recomendación extraordinaria de Gregor. Salzburgo nos gustó tanto, TANTO, TANTO, que decidimos quedarnos los dos días allí y pasar de Bratislava.
Llegamos allí en plan mochilero y lo primero que hicimos fue ir a la Oficina de Información a buscar un folleto de hoteles. Tras dar unas vueltecillas, finalmente nos hospedamos en el Mozart. Un hotel de pegada en el centro a 100 euros la noche (y además nos dejaban un bombón de esos típicos de Salzburgo en la almohada por las mañanas, que a mi me daba energía y felicidad).
En la Oficina sacamos la Salzburg card. No recuerdo ahora mismo cuanto nos costó, no fue mucho, y por eso precio podiamos entrar a un montón de sitios (los museos, la fortaleza de Hohensalzburg, el teleférico...) totalmente gratis durante 24 horas (aunque también las había de 2 y 3 días). Este sistema ya lo habréis visto en bastantes otras ciudades, pero en Salzburgo me pareció especialmente barato para todo lo que incluía y bastante factible de hacer, no como en otros sitios, que ofrecen mas de lo que efectivamente uno puede hacer y que al final resultan una pérdida de dinero.
Nada más llegar a la ciudad pasé por un puente familiar sobre el río Salzach, aunque no sabía por qué me resultaba tan familiar... También vi cúpulas familiares y el palacio de Mirabel con sus jardines, que también me resultaban especialmente familiares. A eso de las 8 de la tarde, volvimos al hotel para coger una chaqueta, porque se ponía fresquillo, y encendimos un momento la tele. Entonces descubrí por qué me era todo tan familiar. Todos los días a las 8 de la tarde ponían en el canal del hotel la película Sonrisas y Lágrimas... que se rodó en Salzburgo! Película que me vi hasta la saciedad cuando era pequeñita (MENSAJE PARA ELI: Más esdrugens gerderbailer???).
Una de las cosas que más me gustó de Salzburgo fue el paseo en barco por el río. No era especialmente maravilloso, ya que simplemente ibamos en línea recta, más rápido, menos rápido, contemplando las casitas de los lados. Pero es que hacía un día tan estupendo, una temperatura perfecta, todo era tan idílico que uno no podía parar de sonreir. Al terminar el paseo, el capitán puso un vals y nos dijo que era el momento de bailar el típico baile vienés... y comezó a dar vueltas y vueltas sobre el eje del barco. Fue cuanto menos curioso y muy, muy, muy agradable.




Aunque esta imagen parezca tomada a las afueras afuerísimas de la ciudad, está prácticamente en el centro, la hice mientras subiamos a la Fortaleza. Increíble, eh?

Este es un lateral de la fortaleza, ya un poco más de cerca. Y con un pequeño Jönne asomandose por ahí.

Y un poquito más cerca... En el interior había un museo de guerra y varias dependencias de la Corte, que seguimos con un tour guiado con uno de esos aparatejos que parecen un teléfono y te van contando cosas (que por cierto, había en spanish pero no en swedish).
Desde lo alto de la Fortaleza.
Desde lo alto de la Fortaleza II. Ya sé que esta foto es casi idéntica a la anterior, pero es que no me decidía por cuál poner.
Otra más desde la Fortaleza. Justo en el centro de la foto vereis una construcción "pequeñita" con unas arcadas. Bajo esos soportales había unos músicos interpretando piezas clásicas. Aunque no llevaban amplis, había una acústica tan estupenda que agudizando un poquito el oído podía escucharse desde lo alto.
Este es el hotel Sacher de Salzburgo. En el de Viena probé la que considero ha sido la tarta de chocolate más rica de la historia de las tartas de chocolate, la Sachertorte.
Que es una cosa como ésta... Y de Bruselas, al día siguiente, a León.
Por fin en casa, por fin todo aprobado, por fin nada que estudiar y nada que hacer!! Y encima me esperaba un viaje sorpresa con mis papis y mi hermana a Alicante!!!
Desde el castillo de Santa Bárbara. Un día de buen tiempo...
Y el paseo de las palmeras... aún con buen tiempo.
Pero al tercer día nos llegó el monzón. Uno de esos días decidimos ir hasta Puente Tocinos, en Murcia. No sé si os habéis fijado en esto o son cosas mías (y si hay algún lector murciano, a mi que me lo explique), pero yo yo diría que Murcia es el lugar que más nombres de población raros tiene por kilómetro cuadrado.
En Puente Tocinos, hay un montón de artesanos belenistas, entre ellos, la fábrica donde hacen las del Belén que tenemos en casa. Y como a mi papá le van mucho las belenadas, pues pasamos por allí para comprar un par de figuritas más.
Y de las lluvias el monzón me vine a León, donde el invierno parecía empezar a instalarse (aunque desde hace un par de días ha vuelto el Otoño con una temperatura asombrosamente suave, afortunadamente para mi, que sólo me traje ropa de verano porque pensé que me quedaría menos días).
Por una parte me apetece volver a Bélgica (esa parte es sobre todo porque Ana se viene conmigo) y por otra parte me da un poco de pereza. Hay una imagen que me da vueltas en la cabeza desde hace unos días y es Brujas en Otoño. Tengo la imagen de aquella placita en Otoño, totalmente cubierta de hojas caídas, con la luz cada vez menos intensa de finales de Septiembre... tomando una cerveza con mi papi antes de volver a Bruselas. Y con esa imagen (mental) me voy a ir despidiendo por este mes.

"Asín te se queme la tarjeta en las manos, endesgraciao" - Gatito dixit.
A qué dan ganas de ponerse a dar volteretas!?

No dejarán de sorprenderme estas cuatro torres (y sus grúas!!). Qué inmensas son! No pude evitar hacerles una foto desde la carretera...
Cuenca!!!
Badajoz!!!
